|
“Citius, altius, fortius”. Más rápido, más alto, más fuerte. Con estas palabras el barón Pierre de Coubertin resucitaba, en la Atenas de 1896, el espíritu de los antiguos Juegos Olímpicos, sumido en un letargo secular. Este año la ciudad de Pekín, China, será la encargada de tomar el relevo de la Olimpiada, convirtiéndose en la XXIX sede del festival atlético y cultural. Para conmemorar este acontecimiento, el IVAM, Institut Valencià d’Art Modern, quiere rendir homenaje, a través de una exposición en el Centro de Arte Contemporáneo Iberia Pekín, a ese espíritu de superación que predicaba Coubertin a finales del siglo XIX, y que está presente tanto en la antigua palestra como en el estadio más vanguardista. La muestra, bautizada Plusmarca Arte y deporte, que conmemora el 70 aniversario del diario MARCA, tiende un estrecho lazo entre ambas disciplinas, una física, la otra espiritual, hermanadas bajo el denominador común del esfuerzo humano. El deporte ha sido para el arte, desde sus orígenes, una inagotable fuente de inspiración.
La herencia abstracta es el lenguaje en el que se expresan los artistas de la muestra. Leyre Segura , licenciada en Historia del Arte, tiende un lazo entre la Grecia Clásica y esta abstracción del siglo XXI, permitiendo una percepción calidoscópica de la actividad deportiva. La figuración también es una apuesta fuerte en el IVAM: el antiguo culto al cuerpo renace a través del trabajo de la fotógrafa Isabel Muñoz y su exhaustivo estudio antropológico, pero si alguien ha sido capaz de resucitar ese antiguo pathos agonístico, si alguna representación abstracta en esta exposición hace justicia al antiguo sentir del deporte, ésa es la escultura de Miquel Navarro. Sus “Figuras para la batalla”, de aluminio macizo, desfilan como hoplitas por una crátera para recordarnos que en lo más oscuro del ser humano sigue latiendo, pese al espíritu de confraternización y solidaridad imperante, la fuerza de un “agón” soterrado.
Por su parte, Arturo Arnalte nos muestra el trabajo, por primera vez expuesto en España, de Isabel Muño Muñoz, que ha entrado en las “casas de fuerza” para retratar su universo religioso y deportivo. Mitad gimnastas, mitad sufíes, los adeptos de los “zur-hané” de Irán observan unos rituales que hunden sus raíces en la antigua Persia y el islam chiíta. Frente a la concepción onanista occidental del deporte, esta modalidad de lucha se ofrece como un espacio de encuentro y diálogo, de cooperación y esfuerzo en aras no sólo al perfeccionamiento físico, como tributo al cuerpo con que la divinidad ha dotado al hombre, sino también al servicio militante en defensa de la comunidad. |