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Una gran exposición sobre la vida, el amor y el legado cultural del emperador Adriano es la propuesta del Museo Británico para este verano. Un recorrido a través de unos 180 objetos, prestados por 28 instituciones distintas de diversos países, intenta aprehender nuevas imágenes sobre la figura de Adriano. Entre todos esos objetos se ha pretendido hacer un nuevo balance de su vida y su herencia, a base de revisar las contradicciones entre su personalidad como hombre culto y apasionado por las artes, así como hombre de Estado, dueño de buena parte del mundo de entonces, sujeto a su mando a través de su figura como jefe militar.
En la sala circular de la antigua British Library y a modo de recuerdo de una de sus obras arquitectónicas más famosas, el Panteón de Roma, estatuas, bronces, piezas arquitectónicas y objetos de la vida cotidiana procedentes de puntos extremos del Imperio, intentan revitalizar los ya lejanos ecos de uno de los más representativos emperadores de la antigua Roma. Jose Jacobo Stroch de Gracia nos acompaña a través de las salas de esta magna exposición y de los diversos episodios de la vida del emperador.
Uno de los escenarios protagonistas de la actividad de Adriano fue Britannia, donde este emperador reforzó la frontera con escotos y picenos, levantando el llamado “vallum Hadrianum” o Muro de Adriano, entre los años 120 y 130. Como acción previa a la exposición del Museo Británico, la conocida cabeza de bronce del Emperador hallada en las aguas del Támesis ha viajado a ambos lados del muro. Acompañando a este busto, se ha reunido un nutrido grupo de estatuas del propio Adriano (destacan los fragmentos recuperados recientemente en Sagalassos, Turquía, de un coloso que llegó a alcanzar los casi 5 m de altura y del que tan sólo se ha conservado una magnífica cabeza, una pierna y un pie calzado por una primorosa sandalia), de familiares (su principal valedora, la emperatriz Plotina, su esposa Vibia Sabina, su prohijado y primer sucesor Elio Vero o el sucesor definitivo, Antonino Pío) y amigos (su protegido y amante Antínoo ante todo, con múltiples ejemplos).
Un buen número de objetos de la exposición, aportados por el Museo de Israel en Jerusalén, hace mención a la presencia del emperador en Palestina: desde un diploma militar que menciona este territorio hasta textos epigráficos procedentes de un arco triunfal, pasando por objetos de vida cotidiana en esa época o ladrillos romanos que recuerdan la construcción de Aelia Capitolina en el solar de la vieja ciudad. Para recordar las aportaciones de Adriano a la arquitectura, el Museo Británico ha reunido las maquetas de algunas de sus principales obras, a saber: el Panteón de Roma (una reconstrucción del viejo edificio de Agripa, arrasado por un incendio), su mausoleo a orillas del Tíber o la Villa Adriana, acompañadas de ladrillos sellados y elementos arquitectónicos tales como capiteles, columnas, pilastras y otros, que hasta ahora se podían ver en el museo de Castel Sant’Angelo de Roma, el gigantesco castillo en que se ha convertido la tumba imperial. |