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“Europa tiene el arte, América el dinero”, así resumía la situación a principios del siglo pasado el mítico marchante británico Joseph Duveen (1869-1939). La ola del coleccionismo americano, o cualquiera de las posteriores réplicas, como el tsunami japonés de los años ochenta, no habría sido posible jamás de no haber dado forma el siglo XIX a ese personaje clave para el circuito del arte que es el galerista, interlocutor entre mundos casi extremos, el negocio y la creación cultural. Muchos galeristas modernos han sido también destacados coleccionistas “colaterales”, ya sea por el inevitable proceso de generación e hibernación de stock, los vaivenes del mercado –que aconsejan conservar mejor que malvender– o la ambivalencia de las obras como valor y divisa de cambio. O por pura pasión, disfrutando como disfrutan, obviamente, de una posición privilegiada entre bastidores. Sólo en ocasiones señaladas, como la reciente donación del galerista Yvon Lambert de un conjunto de medio millar de obras al Estado francés, el fenómeno sale a la luz pública. El título de primer art dealer coleccionista en sentido moderno podría recaer en Paul Durand-Ruel (1831-1922), que plantó sucursal de su galería parisina en Nueva York y paseó la obra de sus protegidos, el grupo de los impresionistas, por medio mundo. El siguiente en nuestra lista honorífica merece ser Ambroise Vollard (1866-1939), puente entre la vanguardia del XIX y la del XX. Francisco J.R. Chaparro estudia el fenómeno del coleccionismo a partir de sus principales figuras históricas, y Ana García Piñán y Marie-Claire Uberquoi entrevistan a los destacados galeristas españoles Soledad Sevilla, Helga de Alvear, Joan de Muga y Joan Gaspar. Arturo Arnalte charla con Kepa Garraza sobre su nuevo trabajo, en el que ficciona un alter ego para hablar sobre la fama en la creación artística, que podrá verse en el Stand de Unidad Editorial en ARCO.
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